Vivir más viejo, ¿sí, pero para qué? La apuesta loca de la libertad, de la batuta y del renacimiento

Publié le 7 Septembre 2026

Vivir más viejo, ¿sí, pero para qué? La apuesta loca de la libertad, de la batuta y del renacimiento
Vivir más viejo, ¿sí, pero para qué? La apuesta loca de la libertad, de la batuta y del renacimiento
​Por Mario Scolas para Last Night in Orient

​Vivir más tiempo es una promesa moderna, pero ¿de qué sirve añadir años si han de desperdiciarse en la rutina, en el ruido estéril de los medios o en la compañía tóxica de la amargura, del racismo y de la homofobia? Tales mentalidades deben desterrarse sin concesiones, aun cuando se escuden tras los lazos de sangre o las obligaciones familiares.

​La verdadera longevidad no se mide por la cantidad de años, sino por la intensidad de la vida que en ellos se insufla. Es precisamente en el corazón de esas largas vigilias nocturnas, nutridas de lecturas cautivadoras —a imagen de las frescas creaciones del gran autor colombiano Gabriel García Márquez, cuya obra laberíntica ayuda a comprender el devenir de una existencia y el aliento de varias generaciones a la vez—, donde se dibuja la necesidad absoluta de este nuevo capítulo: rechazar la grisura para hacer del tiempo una conquista soberana.

​Emanciparse para pertenecerse mejor

​Desprenderse de las cargas convencionales —máxime cuando no se han tenido hijos, brindándose así una inigualable disponibilidad de espíritu y ligereza— permite emanciparse de los horizontes profesionales en el umbral de la madurez para regalarse el más hermoso oro de la libertad.

​Este tiempo recuperado se convierte entonces en el terreno fértil de una ambición total: rodearse exclusivamente de personas positivas e inspiradoras, involucrarse activamente en la vida cultural, animar debates estimulantes y mantener el corazón de par en par abierto a los encuentros y al amor.

​El soplo de la batuta y el fervor del Nuevo Mundo

​Pertenecerse por completo halla su apogeo en la música. Ese realismo mágico y esa sensualidad desbordante que se saborean en los libros al amparo de la noche, la batuta del director de orquesta permite encarnarlos en el mundo real. Cuando ella se eleva y el bullicio cede ante el silencio, no se trata tan solo de marcar el compás, sino de esculpir la emoción pura con un centenar de músicos. Para insuflar semejante energía vital, la elección recae naturalmente en la calidez incandescente del repertorio sinfónico del subcontinente sudamericano.

​En el centro de esta dinámica vibra el Danzón n.° 2 del compositor mexicano Arturo Márquez. El arte consiste aquí en guiar a la orquesta desde los susurros recatados de un baile popular hasta la explosión festiva de los metales y la percusión. Desde las primeras notas languidecientes del clarinete, despierta una sensualidad secreta que envuelve a los oyentes en una torpeza elegante antes de embarcarlos en un crescendo irresistible. A medida que los ritmos sincopados se aceleran, la sala entera se enciende en una embriaguez colectiva; el público, traspasado por la energía bruta de las percusiones y el brillo de los metales, olvida el mundo exterior para latir al unísono, arrastrado por una urgencia absoluta de vivir y de bailar.

​El impulso de El Sistema en Venezuela

​Puesto que esta libertad artística cobra sentido únicamente si se comparte, la transmisión se erige en el prolongamiento natural del acto creador. Este viaje musical encuentra así su resonancia humana más pura al contacto con el programa El Sistema en Venezuela. Comprometerse junto a esta juventud apasionada significa rechazar la amargura del mundo mediante la acción colectiva, albergar una fe inquebrantable en aquellas generaciones que labran el rostro del porvenir y sumergirse en un fervor donde la música se torna un formidable vector de inclusión, ascenso y alegría compartida, al margen de todo sectarismo.

​Una sinfonía que se inventa cada día

​Por último, proyectar este hálito más allá de las fronteras mediante giras internacionales permite habitar el mundo de verdad, desterrando de una vez por todas la nostalgia.

​En el fondo, la verdadera longevidad no es una cuenta atrás ni una mera estadística: es una página en blanco que uno se niega a dejar redactar por los demás. Ya se trate de alzar la batuta, de viajar o de abrirse a nuevas pasiones, la apuesta consiste en apostar plenamente por lo viviente. No aguardar a que el tiempo transcurra, sino ponerlo a danzar.

​«La longevidad no es solo cuestión de añadir años a la vida, sino sobre todo de añadir vida a los años.»

 

​Bibliografía (Normas ISO 690)

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​ZWEIG, Stefan. Die Welt von Gestern: Erinnerungen eines Europäers. Estocolmo: Bermann-Fischer, 1942

Rédigé par Last Night in Orient - LNO ©

Publié dans #Vivir, #2006

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