Publié le 27 Août 2026
Por Mario Scolas
Investigador y analista de dinámicas culturales e interculturales
Apasionado por los puentes invisibles que unen a los pueblos y las tradiciones, me interesa especialmente la forma en que el arte, la música y la memoria colectiva logran trascender las fronteras geográficas y lingüísticas. A través de mis reflexiones y escritos, busco explorar esos espacios de encuentro donde el patrimonio ancestral dialoga con la modernidad, recordando que cada expresión cultural es un testimonio universal de nuestra humanidad compartida.
Ya sea analizando la portée antropológica de un gran conjunto musical o descifrando las resonancias de un evento en el corazón de nuestras metrópolis multiculturales, mi enfoque está guiado por una misma convicción: que la cultura sigue siendo el más poderoso de los lenguajes comunes.
Con motivo de la celebración de su quincuagésimo quinto aniversario de excelencia artística, el mítico conjunto boliviano Los Kjarkas se dispone a tomar la escena bruselense. Más que un simple concierto, este evento se perfila como una memorable comunión cultural, erigiendo la música andina al rango de patrimonio universal.
La capital belga se prepara para vibrar al ritmo de las cuerdas sensibles y los vientos ancestrales del Altiplano. El legendario grupo Los Kjarkas hará escala en Bruselas el viernes 16 de octubre de 2026, en el marco de su gran gira internacional que conmemora 55 años de magistratura artística.
El evento tendrá lugar en el prestigioso Birmingham Palace (ubicado en Rue de Birmingham 112, 1070 Anderlecht) y se extenderá de 21:00 a 03:00 hrs (evento exclusivo para mayores de edad). Los melómanos deseosos de sumergirse en esta celebración histórica ya pueden adquirir sus entradas a través de la plataforma Ticket Tailor (coordinado por el organizador WB Live). Para cualquier información complementaria, la organización está disponible por correo electrónico en admin@wblive.co.uk o por mensajería al +44 7810 396656.
Fundado en 1965 en Capinota, en el valle de Cochabamba, por los hermanos Wilson, Castel, Gonzalo Hermosa y Édgar Villarroel, Los Kjarkas se consagró rápidamente como el faro indiscutible de la música folclórica boliviana. Tomando su nombre del término en quechua kharka —evocador de fuerza, valentía y estremecimiento—, los integrantes del grupo emprendieron desde sus orígenes una apuesta audaz: fusionar la pureza de las melodías autóctonas con armonías contemporáneas de una sutil complejidad.
A pesar de los avatares del tiempo y la trágica pérdida de compositores excepcionales como Ulises Hermosa en 1992, la formación ha sabido perpetuar su legado con un rigor inquebrantable. Hoy en día continúan siendo los embajadores eméritos de una identidad soberana, llevando en alto los colores y la poesía de los altos plintos bolivianos por todo el mundo.
La identidad sonora de Los Kjarkas reposa en el uso virtuoso de instrumentos seculares —el charango, la quena, la zampoña y el bombo—, sublimados por arreglos acústicos de una honda profundidad emocional.
Su repertorio, inmenso e intemporal, constituye la piedra angular de la canción latinoamericana:
- «Llorando se fue»: Obra maestra absoluta de Ulises Hermosa, cuya melodía universal trascendió las fronteras para inspirar el fenómeno planetario de la Lambada.
- «Bolivia»: Himno oficioso y vibrante de patriotismo, que murmura la nostalgia conmovedora de los exiliados y de la diáspora.
- «El árbol de mi destino»: Una elegía andina de orquestaciones amplias, que interroga la condición humana y la inexorabilidad del destino.
- «Tiempo al tiempo» y «Munasq'echay»: Piezas maestras que ilustran la maestría lírica y el fervor amoroso de la agrupación.
- «Ukhamampi Munataxa»: Testimonio rotundo de su apego inquebrantable a la lengua quechua.
- «Imillitay» y «Wayayay»: Composiciones de ritmos embriagadores que celebran la algarabía de las grandes fiestas tradicionales andinas.
Más allá de su brillo artístico, Los Kjarkas encarnan una figura fundamental del diálogo intercultural. Al liberarse de las barreras lingüísticas y geográficas, han transformado tradiciones largamente marginadas en un lenguaje universal. Su música demuestra con rotundidad que las expresiones indígenas no se limitan a un folclore estático, sino que constituyen un arte vivo, capaz de dialogar con la modernidad y de conmover a públicos de todos los horizontes.
De este modo, esta etapa en Bruselas no se reduce a un simple concierto aniversario: representa un cruce de caminos, un espacio memorial para la comunidad latinoamericana y una epifanía musical para el público europeo convocado a escuchar los grandes vientos de la historia andina.
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